Si estás pensando en el Suspiro Limeño, estás mal. Hablo del otro suspiro. Mejor dicho, de EL suspiro. Ese breve instante que te relaja y dice tanto. Esa pausa, esa coma, frente a la prosa continua. Esa isla perdida en medio del océano.
Suspiro bastante. Día tras día. Será porque me arrepiento. Será porque me canso. Será porque siento impotencia. Suspiro y una abeja deposita polen en mi cabeza.
Ayy ahh! (…) el suspiro (¿Cómo no iba a suspirar ahora?) Aquí comienza una historia, una de suspiros.